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Sólo el amor nos hará libres

Hoy ha amanecido como jueves 17 de mayo de 2018, un día de lo más cotidiano para muchas personas. Quizás para algunos haga un día lluvioso, en otros incluso puede nevar, pero lo cierto es que, para el colectivo LGTBI, el 17 de mayo de 1990, fue un día lleno de un sol radiante que evocaba libertad y esperanza. Y ello debido a que la OMS, (Organización Mundial de la Salud) por fin, retiraba la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales (lista que ellos mismos confeccionaban). Desde entonces, el colectivo LGTBI celebra cada 17 de mayo el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, en un intento de visibilizar orientaciones sexuales e identidades de género diversas.

Sin embargo, a pesar de la importancia de este día, no deja de resultar curioso que se hable también de "transfobia", cuando la transexualidad sigue considerándose un "desorden de identidad de género" o disforia de género (diagnóstico psiquiátrico que se da a personas que sienten discordancia entre su sexo biológico y su identidad de género) por la propia OMS. En muchos países, incluido España (salvo en algunas Comunidades Autónomas), a las personas trans se les sigue exigiendo un certificado psiquiátrico de disforia de género para poder cambiar el género en el DNI. Por desgracia, esto contribuye a reforzar el estigma de un colectivo que, de por sí, ya está suficientemente estigmatizado, y este día no podrá celebrarse de forma plena hasta que se deje de considerar la transexualidad como un desorden psiquiátrico. Más aún si consideramos cuánto le debemos todo el colectivo LGTBI a las personas trans, que fueron las que iniciaron los disturbios de Stonewall un 28 de junio de 1969, otro día histórico para la comunidad.

Y es que la situación de las personas trans en el mundo dista mucho de ser la ideal. Tenemos que mencionar aquí el caso de Karla Avelar, que ha sido la primera transexual en ser nominada al premio Martin Ennals (algo así como el Premio Nobel de los Derechos Humanos). Pues bien, Karla es una mujer transexual procedente de El Salvador que sufre discriminación y amenazas de muerte día a día. Y es que la muerte es una realidad para la comunidad LGTBI salvadoreña. No en vano, en 2017 hubo hasta 17 asesinatos en 45 días. Por eso es preciso también hacer énfasis en la erradicación de la transfobia en un día como hoy.

Pero también hay que señalar que en algunos países poco democráticos, la transfobia "no existe". Lo entrecomillo porque no es que no existan personas trans, es que simplemente la realidad trans está invisibilizada ("no se puede perseguir algo que no existe"), y lo que existe en su lugar es una verdadera homofobia de Estado. Hablamos por ejemplo de países como Rusia que, desde que aprobara la ley "antipropaganda" LGTBI, ha recortado derechos y libertades a los miembros de este colectivo, impidiendo que hagan manifestaciones públicas e incluso deteniendo a líderes homosexuales. Además, en los países del entorno ruso se suele identificar con facilidad a los homosexuales con pederastas.

Sin embargo, quiero centrar hoy la atención en esos países donde ser homosexual (o bisexual) está criminalizado. A día de hoy, en 72 países del mundo están penadas las conductas homosexuales (en algunos, incluso el hecho mismo de ser homosexual), y hasta en 8 de ellos (como Mauritania o Arabia Saudí) se castiga con la pena de muerte.

Asociaciones como ILGA1 (International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association) o índices como Equaldex2 hacen estudios completos sobre el estado de la criminalización de la homosexualidad en el mundo. No vamos a hacer en este artículo un análisis exhaustivo3, pero sí que podemos destacar varios datos.

Por ejemplo, África es el continente con más países que criminalizan la homosexualidad (más del 60% de los mismos) por la aplicación, en algunos casos, de la ley islámica, o sharia, y en otros del legado colonial británico, que castigaba la sodomía.

Le sigue de cerca Asia, y sobre todo la zona de Oriente Próximo. En algunos países, como la ya citada Arabia Saudí, la sharia castiga de forma diferente si la persona homosexual es soltera (100 latigazos y destierro) o casada o no musulmana (pena de muerte).

En la mayoría de los casos, lo que existen son penas de prisión para homosexuales. Y hay incluso regímenes jurídicos que penan de distinta forma a gays y a lesbianas. Mauritania, por ejemplo, contempla la pena de muerte para los primeros, y una pena de prisión de 3 meses a dos años en el caso de las segundas. Si estos ejemplos ya de por sí causan pavor, el dato más escalofriante llega de países como Sierra Leona, Tanzania, Uganda o Zambia, donde el precio de amar a una persona del mismo sexo es la privación de libertad de por vida.

Hay quien podría considerar como un "privilegio" el ser homosexual en un país occidental, aun cuando la homofobia también ataca desde una sociedad en la que impera el heteronormativismo. Hay quien incluso critica la celebración del Orgullo por "no ser necesario" y por su carácter festivo. Por supuesto que es necesario. Mientras siga existiendo homofobia, transfobia o bifobia, será más necesario que nunca. ¿Y por qué lo celebramos festivamente? Para decirle al mundo que no tenemos miedo, que ser libres de amar es un derecho inalienable y que queremos que todas las personas LGTBI del mundo puedan celebrarlo algún día como lo hacemos nosotros.

Por eso es necesario este artículo, para mostrar una realidad que desconocemos, muchas veces incluso desde el propio colectivo. La lucha LGTBI no consiste sólo en perseguir derechos civiles como el matrimonio o la adopción, porque podemos estar felizmente casados y que nos maten por ello. Hay que erradicar de raíz la homofobia, la transfobia y la bifobia, no sólo aquí, sino muy especialmente en aquellos países donde amar está prohibido. Como sociedad civil, tenemos la obligación moral de presionar a nuestros gobiernos para que condenen públicamente la persecución de personas LGTB en todo el mundo.

Porque por mucho que cueste entenderlo, amar y vivir conforme a lo que uno quiere ser, no entiende de fronteras, ni de religiones, ni de culturas. Tan sólo de lo que dicte ese pequeño órgano que mueve el mundo y que se llama corazón.

Pues sólo el amor nos hará libres.

Mariano Navas

1 Ver más en https://ilga.org/maps-sexual-orientation-laws
2 Ver más en http://www.equaldex.com/
3 Para consultar ejemplos detallados, además de los enlaces, se recomienda la lectura de "El fin de la homofobia: derecho a ser libres para amar", de Marcos Paradinas, que hace un excelente repaso en su capítulo 3 de los distintos regímenes jurídicos del mundo que criminalizan la homosexualidad y de su origen.

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