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Radiografía del exilio

 Bruno Ezequiel Galizzi. Técnico de Proyectos en Departamento de Proyectos en FIBGAR

 El exilio es la cesación del contacto de un follaje y de una raigambre con el aire y la tierra connaturales;
es como el brusco final de un amor, es como una muerte inconcebiblemente horrible porque es una muerte que se sigue viviendo conscientemente (…)

J. Cortázar[1]

 Madrid, 20 de junio de 2017. Tener la capacidad de formular una teoría sociológica no es cosa fácil. Pero entiendo que proponer una sociología de las migraciones, en particular del exilio, reviste una complejidad particular, en donde se entrecruza la demografía, con la política y economía internacional y un hecho de una sensibilidad y profundidad muy grande: dejar tu tierra. Quizá por eso todavía no contamos con una propuesta que permita articular y trabajar el fenómeno de una manera completa. Lo siguiente, se pretende una reflexión sobre las movilidades humanas en la actualidad, haciendo foco en las movilidades forzadas.

 El año pasado tuve la oportunidad de viajar por primera vez a Italia. Hasta ese momento, sólo había tenido contacto con la (mal) llamada crisis de refugiados a través de los medios. No sabía con certeza que hoy existen en el mundo entre 60 y 70 millones de personas desplazadas. Tampoco sabía que, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el Refugiado - ACNUR, 21 millones de estas personas son definidas como refugiados. Sin embargo, aquel viaje me puso en contacto directo con infinidad de situaciones en donde se evidenciaba la precariedad y vulnerabilidad de una comunidad inmigrante que, agotada de lo que fue el viaje más peligroso de su vida, intenta comenzar una nueva vida.

Puede decirse que el pacto acordado entre la Unión Europea y Turquía en Marzo de 2016, había comenzado a lograr su principal objetivo estratégico: cerrar la llegada de inmigrantes irregulares a Europa. Desde ese momento, disminuyeron significativamente los ingresos registrados. Sin embargo, esto se encuentra lejos de ser una solución al conflicto. Por un lado, porque no existen mecanismos de soporte a los inmigrantes que ya se encuentran asentados en Europa, quienes continúan en situaciones muchas veces de desprotección. El pacto también contribuye a fomentar el desplazo de refugiados hacia países en desarrollo, quienes hoy en día acogen a la mayor parte de los refugiados (el 86%, según Amnistía Internacional), generando situaciones de extrema tensión en esos países. Por otro lado, las solicitudes de asilo continúan llegando a las puertas de Europa. Teniendo en cuenta los datos presentados por Eurostat, 1,2 millones de personas solicitaron protección internacional el año pasado en la UE durante el 2016, estado a la altura de lo ocurrido en 2015.

 A su vez, las condiciones en los campamentos de refugiados no dejan de empeorar. Estos son literales ciudades armadas en zonas previamente despobladas, en donde la vida se hace muchas veces un martirio. Las miles de personas que se asientan en estos campamentos enfrentan desafíos de hacinamiento, higiene, alimentación. La estadía media aproximada es de 25 años, por lo que estos lugares de “paso” representan en ocasiones un tercio de la vida de una persona.

Es que, en tanto se sigan sucediendo hechos de violencia , las movilidades y los intentos de traslados continuarán ocurriendo. En ese sentido, Europa tiene la responsabilidad de desarrollar mejores mecanismos de acogida, no mirar a un costado.

 Nuevamente según ACNUR, la mitad de los refugiados son menores de edad; lo que supone un nivel de responsabilidad mayor. Son millones los niños que hoy se ven privados de una infancia digna. En términos alimenticios, en términos educativos, son de una gravedad desconocida los efectos que este proceso puede tener para esos niños y también para el futuro de esos países. En un corto documental recientemente estrenado, se narra la historia de una niña siria, en campamento de Jordania, que conoce a una mujer adulta, exiliada de la dictadura de Pinochet en Chile. La comparación me parece válida al entender que en ambos casos, queda evidenciada la importancia de enfocar en los colectivos más vulnerables y sobre los que los efectos de los conflictos tienen mayor envergadura.

 La situación en España no es menos grave. Habiéndose comprometido a dar asilo paulatinamente a un total de 17.387 personas, sólo había albergado 1.212 a fines de marzo del corriente según datos publicados por Oxfam Intermón. La declaración del 20 de Junio como Día Internacional del Refugiado por parte de Naciones Unidas, busca proponer un día de reflexión, solidarización e involucramiento, haciéndolo coincidir con la fecha en la que se firmó el Estatuto del refugiado, en 1951. Hoy día se cumple el primer aniversario de las 11 medidas urgentes que se le solicitaba al gobierno español, firmadas por 15 ONG. Haciendo una revisión de las mismas, podemos decir que la solicitud debe renovarse.

 El derecho a la libre circulación es un Derecho Humano, así como lo es el derecho al Asilo. De esta manera lo establece el Artículo 13 y 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dar respuesta a la crisis de movilidad más grande hasta el momento, así como realizar una teoría al respecto, no es cosa fácil. Pero tenemos la responsabilidad de hacerlo.

 

[1] Ver “América Latina: exilio y literatura”; El Nacional, Caracas, 13 de agosto de 1978.

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