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Los niños de Al-Bagdadi, víctimas de la barbarie

Selma Gil. Abogada. FIBGAR

El propósito del Día Internacional de los niños inocentes víctimas de agresión es reconocer el dolor que sufren los niños en todo el mundo cuando son obligados a participar en guerras o que, fuera de un conflicto armado, se convierten en víctimas de maltrato y violencia de todo tipo.

Y aunque se trate de una desgracia que afecta a todos los continentes, las cifras que rodean los secuestros y crímenes del (erróneamente autodefinido como) Estado Islámico (Da’esh en sus siglas en árabe) estremecen. Sus actos aún más. Los vídeos que inundan las redes son la cruda prueba y cruel propaganda de asesinatos en masa, decapitaciones, amputaciones de miembros, las peores torturas. Da’esh está llevando a cabo una efectiva limpieza religiosa y dirigiendo su ataque contra todas las minorías existentes en la zona donde mantienen el control: cristianos, yazidís, chiíes y suníes, y todos aquellos que disienten o, que sin hacerlo, provocan la locura que alberga las mentes de estos criminales. En las plazas y rotondas de las grandes ciudades se exhiben cabezas y cuerpos a modo de advertencia a los posibles opositores y como terrorífico medio para imbuir la cultura de la violencia. La policía de la moral, llamada Al-hisbah, publicita la hora y el lugar de las ejecuciones “invitando” a toda la población y forzando a asistir a todo aquel que se encuentre en la calle en ese momento.

Pero si existen actos estremecedores son aquellos cometidos contra los niños. El Comité de los Derechos del niño de Naciones Unidas denunció en su último informe de febrero de 2015 que los milicianos del Da’esh en Irak venden, mutilan, degüellan, crucifican y entierran vivos a niños por el hecho de formar parte de alguna de las minorías étnicas o religiosas. Además, es frecuente el uso de estos niños –especialmente aquellos con alguna discapacidad- como terroristas suicidas, fabricantes de artefactos explosivos, informadores o escudos humanos para proteger sus instalaciones frente a los ataques liderados por Estados Unidos. E incluso como “depósitos de sangre” para poder hacer trasfusiones a los combatientes mayores del Da’esh.

O como verdugos. Aterrador es el vídeo en el que un niño de no más de diez años dispara a dos hombres acusados de espionaje por el Da’esh. Desgarradores son los campamentos para niños que, sin apenas capacidad para entender son forzados a presenciar ejecuciones, aprenden a recargar fusiles automáticos y a decapitar prisioneros. Como se menciona en el informe del Comité, «[e]l Estado Islámico da prioridad a los niños como vehículo para asegurarse lealtad a largo término, adherencia a su ideología y cuadros de combatientes devotos que verán la violencia como un modo de vida». Tras un proceso intenso de entrenamiento militar y educación “fundamentalista” los niños son inmediatamente enviados al campo de batalla. Una de las pruebas para la “graduación” de esta pesadilla es que los niños lleven a cabo decapitaciones.

Al margen de estas atrocidades, los niños afrontan desde hace mucho tiempo otros sadismos entre los que se cuentan violaciones y matrimonios temporales de las víctimas para absolver a los responsables. Otros muchos niños mueren o resultan heridos durante ataques aéreos o enfrentamientos, fallecen por “deshidratación, hambre y calor" abandonados en el desierto, o son víctimas de la barbarie incomprensible que, paradójicamente, su deformación del Islam (contraria al Islam) impone. Es el caso de los trece niños ejecutados por ver un partido de fútbol.

Y digo contraria al Islam, porque estos actos no responden a la Sharia, o a la ley islámica. Ni siquiera a una radicalización de la misma. Estos actos son el fruto de la demencia de un grupo terrorista en un contexto determinado y son contrarios a los preceptos del Islam y de toda la humanidad. En la Carta Abierta a Al-Bagdadi, la cabeza de Da’esh, la comunidad musulmana reprueba contundentemente las barbaries cometidas por el grupo en Siria e Irak. En esta recomendada lectura se abordan temas tan controvertidos como La Yihad así como la interpretación de ciertos términos cuya posible ambigüedad se usa como justificación por los sectores más radicales.

Hace poco una campaña distribuía imágenes de niños a punto de ser quemados vivos dentro de una jaula. «¿Pueden estas imágenes volverse realidad? Sí, si no hacemos algo para detener a ISIS» rezaba la campaña que no estuvo exenta de polémica. Sin embargo, cabe preguntarse si hacen falta más motivos para poner freno a este grupo terrorista islamista.

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