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José Miguel Vivanco: “No existen fronteras si el delito afecta a toda la humanidad

Madrid, 20 de mayo. El director de la División de las Américas de Human Right Watch José Miguel Vivanco ha destacado hoy, junto con el juez Baltasar Garzón, la importancia de la Jurisdicción Universal (JU) como mecanismo de garantía de las víctimas de crímenes de genocidio y lesa humanidad y ha recordado que “no existen las fronteras cuando el delito afecta a toda la humanidad”.

En este sentido, Vivanco ha acercado a la capital española la experiencia de la dictadura chilena a través de la conferencia “Caso Pinochet: impacto político y jurídico de la Jurisdicción Universal”, en la que ha analizado el proceso de paz y la transición en el país iberoamericano.

 “El éxito de la transición consistía en que los propios ciudadanos respetaran el poder militar y el cargo de Pinochet, que continuó como Comandante del Ejército, en los primeros años de democracia”, ha explicado Vivanco.

Los límites de la JU

De este modo, Vivanco ha resaltado la inmunidad que ostentaba el dictador Pinochet frente a las demandas de los ciudadanos, que reclamaban la efectividad del principio de la Jurisdicción Universal.

“Pinochet tenía razones para sentirse invencible. La clase política no se preocupaba por su impunidad ni por las víctimas que exigían justicia”, ha afirmado Vivanco, quien ha explicado cómo imperaba el olvido, ante el temor a que la estabilidad de la recién nacida democracia chilena peligrara.

El silencio dominó durante mucho tiempo. Numerosos casos de violaciones de Derechos Humanos no fueron investigados debido a la gran cantidad de obstáculos que limitaban el poder judicial. “Justicia sí, pero en su justa medida”, ha recordado Vivanco. 

Detención de Augusto Pinochet

En este contexto se produjo la detención de Pinochet por orden del magistrado español Baltasar Garzón. “Creo que Pinochet se autoengañó al considerar que esa relación de poder que ostentaba en Chile también era trasladable a Europa”, ha declarado Vivanco. Genocidio, terrorismo, torturas, desapariciones forzadas y numerosas violaciones a los Derechos Humanos  fueron algunos de los cargos que se le imputaron.

Vivanco ha valorado la detención de Augusto Pinochet como una segunda transición en Chile, tras el término de la dictadura militar. “Esta detención reabrió el debate sobre la verdad y la reparación de las víctimas en Chile, un debate que se había obviado para no desestabilizar la democracia”.

Aunque Pinochet regresó a Santiago tras la detención en Londres en 1996, Vivanco ha destacado que el país ya había cambiado: “El pueblo chileno tomó conciencia de que nadie era impune y que los tribunales eran capaces de juzgar a Pinochet”.

Este proceso fue el inicio de una sucesión de juicios contra el dictador, de un proceso de paz y diálogo que concluyó con el castigo y el procesamiento de aquellos que eran considerados culpables, y con la posibilidad de investigar casos al margen de la amnistía. Además, también se alcanzó el compromiso de los militares para no volver a repetir una situación así. 

“Todos estos esfuerzos han servido para demostrar que es posible hacer justicia, que no existen las fronteras si el delito es tan grave que afecta a toda la humanidad. Aquellos estados con un poder judicial independiente tienen la obligación de investigar esos hechos si se presenta una oportunidad, como se le presentó al juez Baltasar Garzón en el Caso Pinochet”, ha destacado Vivanco.

Por su parte, Garzón ha confirmado la efectividad de la Jurisdicción Universal en este caso. Pinochet fue juzgado, desaforado y estuvo en arresto domiciliario hasta su muerte. Si no se le condenó, seguramente, fue porque murió, paradójicamente, el día Universal de los Derechos Humanos, tal vez alcanzando así su mejor contribución a estos derechos”, ha dicho entre risas Baltasar Garzón.