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Habré, condenado a cadena perpetua. El caso Pinochet ha concluido

Manuel Miguel Vergara. Director del Departamento Legal. FIBGAR

Madrid, 15 de julio de 2016. El pasado día 30 de mayo fue una jornada histórica. No sólo para Senegal y África, sino para todo el mundo y para el propio desarrollo del Derecho penal internacional. A las 10 de la mañana, las Salas Extraordinarias Africanas compuestas por un juez de Burkina Faso y dos magistrados senegaleses daban cita a Hissène Habré, a sus víctimas y a toda la comunidad internacional para dar lectura pública a la sentencia y fallo contra el ex dictador del Chad.

Hissène Habré gobernó gracias y con la connivencia de Francia y Estados Unidos el Chad de los años ochenta, concretamente entre 1982 y 1990. Las torturas, violaciones y crímenes de guerra estuvieron a la orden del día en un régimen en que la vulneración sistemática de los derechos humanos era la norma. Sabiendo que se acercaba el final de sus días como jefe de Estado de esta nación africana, saqueo el tesoro nacional y se exilió en Senegal donde pudo comprar la protección de las élites locales. Pero no para siempre.

En 1998, el caso Pinochet protagonizaba los telediarios y portadas de periódicos de todo el mundo. Una ventana nueva por la que entraba viento fresco de esperanza alimentaba las ansias de justicia de víctimas de crímenes internacionales de todo el planeta. Los represaliados de Chile y Argentina fueron pioneros. Su ejemplo germinó fecundo entre las víctimas del genocidio del Tíbet, en los torturados de Guantánamo o en los civiles inocentes de Palestina. También fue el caso de los que sufrieron el tormentoso régimen de Hissène Habré en Chad. Con ese ejemplo viajaron a Dakar, cuando en 1999 presentaron su querella contra el residente y exiliado ex presidente. Un juez de instrucción, conocido por su integridad e independencia, aceptó a trámite la querella y emitió un auto de procesamiento. Enseguida bautizaron a aquel magistrado, cuyo nombre es Demba Kandji, como “el Garzón senegalés” y al acusado, Hissène Habré, como “el Pinochet africano”.

El viaje judicial que empezó en 1999 y que no acabó hasta el 30 de mayo de 2016 no fue sencillo. En efecto, resultó ser complicado y hasta tortuoso. Presiones políticas, intervenciones de otros Estados, un cambio de presidente, pugnas, negociaciones económicas y sucesivas sentencias de tribunales internacionales y regionales protagonizaron esta etapa. No obstante, el juicio comenzó finalmente en julio de 2015. Sentaron en el banquillo de la jurisdicción universal por primera vez a un ex jefe de Estado. Por primera vez, un proceso de estas características en África. Aquel día fue emocionante, pero aun más lo fue el día de la sentencia.

A las 8:30 de la mañana, las víctimas, los abogados y un invitado especial, el juez Baltasar Garzón, se daban cita a la vuelta de la esquina del Tribunal Supremo de Dakar para caminar juntos en ese último viacrucis hacia la justicia. Muchos sentimientos, pero todos contenidos. Los pasos firmes de las víctimas daban lecciones de dignidad a todo el mundo. Ya dentro de la sala tan sólo quedaba esperar.

Poco más de una hora y media fue necesaria para conocer la sentencia: Hissène Habré es culpable de crímenes de lesa humanidad, torturas y guerra. Cometió y ordenó cometer violaciones sistemáticas y condujo a mujeres de su propio pueblo a una vida de verdadera esclavitud sexual. Su condena: cadena perpetua. Nadie aplaude, ni protesta. Sólo un inmenso y profundo silencio ensordece los corazones que presenciaban ese momento histórico. Tan sobrecogedor era ese silencio que la inseguridad, incertidumbre y asombro hacía dudar a los asistentes de si habían entendido bien la decisión que pronunciaba el Presidente de la Sala.

Los jueces dan por concluida la sesión. Se levantan y abandonan el recinto. Hissène Habré es conducido por lo guardias a una salida lateral cuando se da la vuelta con los brazos en alto en señal de triunfo mientras sus partidarios le aplauden. Era su último intento por mellar la integridad de las víctimas. Probablemente quería representar la fábula de que por haber permanecido en silencio, impasible e inactivo a lo largo de todo el proceso contra él, deslegitimaba de este modo la acción de la justicia. Sin embargo, no fue así. Las ovaciones de aquéllos que apoyan al dictador fueron inmediatamente lapidadas por los gritos de sincera alegría de las víctimas que entre chillidos de felicidad, lágrimas de satisfacción y abrazos se daban la enhorabuena por haber podido ver con sus propios ojos que el exótico camino que iniciaron hacía más de 16 años por fin llegaba a buen puerto, el de la justicia.

Los abogados y las víctimas se pierden en un mar de gente emocionada. Baltasar Garzón da la enhorabuena y abraza a los damnificados de Hissène Habré, a los abogados que aceptaron esta compleja causa y a la sociedad civil que los acompañaron desde el principio. Hablo en este caso de Reed Brody, que desde Human Rights Watch, es uno de los ingenieros de este proceso que hoy llena una nueva página de la historia y reafirma las esperanzas en la justicia de víctimas de todo el mundo. En todo ese caos de ahora ya desbordado júbilo, los protagonistas de este caso dan un mensaje cargado de fuerza y emoción a Baltasar Garzón: “usted nos enseñó el camino. Todo empezó años atrás con el caso Pinochet”.

Estas frases invitan a la reflexión. El día 30 de mayo había concluido. El caso contra Hissène Habré resultaba ser un remoto e inesperado producto del procesamiento de Pinochet. Las víctimas del dictador chileno abrieron un sendero que no pudieron finalizar. Los damnificados del Chad remataron ese trabajo. Efectivamente, 18 años más tarde, Habré había sido condenado a cadena perpetua. El legendario caso Pinochet había concluido… o quizás sólo sea un nuevo comienzo.