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Por fin, paz en la Tierra

Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz.

Madrid, 30 de enero de 2015. Desde el origen de los tiempos, los seres humanos han vivido territorial e intelectualmente en espacios muy limitados, en los que nacían, vivían y morían.  Eran seres invisibles, anónimos, atemorizados, que no podían expresarse más allá de su entorno inmediato, y que, por otra parte, desconocían en buena medida las características y proporciones de lo que sucedía en el mundo… Eran espectadores impasibles. Sin embargo, eran los “ojos del Universo”, los únicos seres vivos capaces de pensar, de tener conciencia refleja, de saber, de imaginar, de crear. Fugaces, pero dotados de unas cualidades distintivas extraordinarias que debían aplicar en ámbitos muy restringidos. De vez en cuando, un gran destello filosófico, artístico,… para después volver a ser inaparentes, súbditos,… Toda la historia durante siglos y siglos se ha reducido a acontecimientos que han tenido lugar en tiempo y espacio desconocidos.  Lo que  aconteció en muchos lugares de la Tierra se ha deducido después, fruto de estudios retrospectivos, al conocerla en su conjunto. 

Lo cierto es que hasta hace muy pocas décadas, en la transición de la vida rural a urbana se habían producido cambios  sustanciales sociales, sanitarios, económicos, políticos… pero el poder seguía estando en manos de muy pocos hombres que dominaban al resto de hombres y al conjunto de las mujeres.  Todo se resolvía por la fuerza.  “Si vis pacem, para bellum”, era el adagio que se aplicaba inexorablemente.  A mediados del siglo pasado, a pesar de  haberse producido considerables progresos, la inmensa mayoría de los habitantes de la Tierra no habían podido adquirir la categoría de ciudadanos plenos, de ciudadanos del mundo “liberados del miedo”, como se proclama en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1948: “Estos derechos humanos son para liberar a la humanidad del miedo”…

Fin del Silencio

Pero, acto seguido, silencio de los silenciados, silencio de los silenciosos.  Unos porque no podían  hablar, porque se hallaban amordazados por la ignorancia o por un sistema de libertades nulas.  Otros porque, pudiendo expresarse, no osaban hacerlo.  “La voz que pudo ser remedio y por miedo no fue nada".  De pronto, hace dos décadas, la voz.  De pronto, la palabra.  Se trata de una inflexión histórica: todos los seres humanos pueden, progresivamente,  manifestar sus puntos de vista gracias a la moderna tecnología de la comunicación y de la información.  En la era digital, tan reciente, tan consolidada ya, no sólo conocemos en tiempo real “la vida en la Tierra”, sino que podemos transmitir nuestros pensamientos y emociones, podemos participar…

Piedra angular de la nueva era es la mujer, subordinada durante siglos por el poder masculino y que, cuando por razones dinásticas normalmente, aparecía en los escenarios del poder, actuaba, lógicamente, de forma mimética.  Ahora, en cambio, la igualdad de género es un objetivo fundamental para los cambios radicales que la igual dignidad de todos los seres humanos exige.   ¡La igual dignidad! Este es el fundamento de todos los derechos humanos, esta es la base de la construcción de la nueva convivencia. Sea cual sea la edad, el color de piel, la religión, la ideología, el sexo… todos iguales en dignidad.  

Por primera vez, por tanto, es posible la gran transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conversación, conciliación, alianza y paz.

No es admisible que -no me canso de repetirlo- mueran de hambre diariamente más de 30,000 personas, la mayor parte de ellas, niños y niñas de 1  a 5 años, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares 3,000 millones de dólares.  No es admisible que, según un informe reciente de OXFAM, 85 personas posean una riqueza mayor que la mitad de la humanidad (3,300 millones de seres humanos).

 No es admisible.  La cultura de paz y no violencia es una exigencia apremiante para el diseño del porvenir, para que tantos imposibles hoy se hagan realidad mañana. 

“Ningún desafío al que tenemos que hacer frente se sitúa más allá de la capacidad creadora que  es inherente de la especie humana”.  Esta es nuestra esperanza.  Cada ser humano único capaz de crear.  La frase de Kennedy, pronunciada pocos meses antes de que fuera asesinado, es para mí una especie de “ritornello” para superar la debacle ética actual,  la crisis sistémica que estamos atravesando, la deriva de una economía neoliberal que todo lo basa, exclusivamente, en el dinero, hasta el punto de que en Europa, en el año 2003, se acordó una Unión monetaria sin Unión política y económica previas.  ¡Qué disparate!  Por eso es preciso que ahora, cuando ya podemos expresarnos, cuando ya la mujer participa progresiva y activamente en la toma de decisiones, cuando ya todos los seres humanos y no unos cuantos pueden manifestarse y actuar en virtud de sus propias reflexiones, sea el clamor popular, la voz del pueblo, de “Nosotros, los pueblos…” el que haga posible el advenimiento del “nuevo comienzo” que con tanta lucidez preconiza la “Carta de la Tierra”.

Sólo la participación ciudadana permitirá una democracia genuina.  Porque, actualmente,  en las urnas, en los comicios electorales se cuenta a los ciudadanos… pero luego no son tenidos en cuenta, no cuentan de forma permanente, que en esto consiste la auténtica democracia.  Ahora ya no será posible desoír el clamor popular.  Ya no será posible mirar hacia otro lado, porque miles, millones de voces reclamarán atención hacia aquellas acciones y medidas que consideren más apropiadas. (...)

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