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La paz es cosa de todos

Paquita Sauquillo. Presidenta de la Fundación Movimiento por la Paz

Madrid, 2 de ocutrbre de 2015. En los jardines de la sede de la ONU en Nueva York hay una imponente estatua de un corpulento forjador que transforma una espada en la reja de un arado, con una cartela en la que está inscrita una profecía bíblica de Isaías: “…Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en podaderas. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra”. El monumento, del artista ruso Evgeniy Vuchetich, ha sido testigo, sin embargo, a lo largo de estas últimas décadas, de innumerables conflictos armados y por delante de él han pasado decenas de representantes y delegados que han hablado de la paz en la sede de las Naciones Unidas.

 El Día Internacional de la No Violencia fue instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para conmemorar cada 2 de octubre, fecha en la que nació Gandhi, la relevancia universal del principio de no violencia. Sin embargo, la consecución de la paz es un principio general del Derecho Internacional que requiere, para su consecución, del compromiso de los Estados, de las organizaciones internacionales y de la sociedad civil. A pesar de las buenas intenciones y las declaraciones, nunca hemos estado más lejos de conseguir la paz.

 En este momento se están desarrollando en el mundo trece conflictos bélicos, algunos tan antiguos como el conflicto palestino-israelí (1948) y otros tan recientes como la guerra contra el autodenominado Estado Islámico, que se desarrolla en una decena de países, sin olvidarnos de la cruenta guerra civil de Siria, que comenzó en 2011 y que ha provocado el mayor éxodo de población civil de las últimas décadas.

 Vincular paz y desarrollo

Con este panorama, no se trata de conseguir sólo la paz: si no se vincula ésta al desarrollo económico, social y cultural de los pueblos, la paz nunca será real.

 En el Día Internacional de la No Violencia, desde el Movimiento por la Paz –MPDL- queremos reflexionar sobre el concepto de violencia. La violencia es tanto la invasión de un país por otro, como el desprecio y la discriminación hacia otra persona o grupo debido a su diferencia (religión, cultura, pertenencia a un determinado grupo de población, discapacidad…) en el seno de nuestras sociedades. Y es más, para que se dé una situación de violencia máxima como es una guerra, es necesario que previamente se hayan fomentado situaciones de violencia en la sociedad, creando un enemigo. La violencia es el fracaso de la negociación para resolver los conflictos.

 Conviene, desde esta perspectiva, ahondar en los diferentes tipos de violencia que nos podemos encontrar. Así, en 1990, el sociólogo y matemático noruego Johan Galtung, uno de los principales referentes de la investigación sobre la paz y los conflictos sociales, distinguió entre Violencia Directa y Violencia Estructural.

 La Violencia Directa supone una agresión física a un individuo o colectivo: desde un ataque aéreo de un país sobre otro, a la tortura de prisioneros, el maltrato a las mujeres, la agresión de grupos ultra y extremistas, etc. Cualquier tipo de agresión física se entiende como tal.

 Por otro lado, la Violencia Estructural es aquella que forma parte de una estructura social que impide que un determinado grupo de población pueda cubrir sus necesidades básicas. Por ejemplo, se refiere a situaciones que generan desigualdad social, discriminación por cuestión de raza, género o discapacidad; la exclusión social o marginación por razones económicas… Toda aquella situación que marque diferencias entre ciudadanos, por algunas de estas razones, se considera como un acto de violencia estructural.

 Galtung distingue, dentro de la Violencia Estructural, dos tipo de violencia: la Violencia Vertical y la Violencia Horizontal:

 -La Violencia Vertical se refiere a la represión política, la explotación política, o la represión cultural que violan las necesidades de bienestar, libertad e identidad, respectivamente.

 -La Violencia Horizontal separa a la gente que quiere vivir junta o une a la gente que quiere vivir separada. Viola, por tanto, la necesidad de identidad. Se expresa, por ejemplo, en la formación de guetos en grandes ciudades en función del grupo étnico, en las migraciones forzosas del campo a la ciudad o en el desplazamiento forzado por temor a represalias y violencia física de un determinado grupo de población.

 De esta forma, entendida desde un punto de vista negativo o de ausencia, lograríamos la Paz a partir del momento en el que ninguno de estos tipos de violencia se dieran en la sociedad. En ausencia de violencia, estaríamos en Paz. La Paz es, pues, un comportamiento. Es traducir a la práctica los principios de la convivencia, de la solidaridad, de la fraternidad. La paz no podemos dejarla en manos de otros: debemos tomarla los ciudadanos. Es cosa de todos.

Como muy bien expresó la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, “Desearía que se desarrollara en todos los pueblos un consciente sentido de paz y el sentimiento de solidaridad humana, que puedan abrir nuevas relaciones de respeto e igualdad para el próximo milenio, que deberá ser de fraternidad y no de conflictos cruentos”.

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