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La corrupción es adjetivo

Práxedes Saavedra Rionda. Director del Área de Proyectos de FIBGAR.

Madrid, 9 de diciembre de 2016. ¿Qué es corrupción? ¿Cómo la medimos? Y sobre la base de tales magnitudes ¿cómo estamos en términos de corrupción? Si no tenemos respuesta a estas preguntas, de carácter descriptivo ¿cómo pasar al plano propositivo? Y es que uno de los principales problemas de la corrupción es que es elusiva, la hablamos sin poder aprehenderla. Su importancia es innegable: el empleo de esfuerzos económicos, humanos y temporales para luchar contra la misma es grande y creciente; su presencia en los medios, diaria.

Pero nuestro acercamiento es, comúnmente, intuitivo: la corrupción es “mala”, nos cuesta “dinero”. Podemos incluso llegar a delinearla en sentido amplio, acciones negativas al menos moralmente, o estrecho, abuso de la función pública para fines ilícitos. Los instrumentos de Naciones Unidas no contienen una definición: Declaración sobre la Corrupción y el Soborno en las Transacciones Comerciales Internacionales y el Código Internacional de Conductas para los Titulares de Cargos Públicos, ambos de mediados de los 1990; Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción. Lo mismo ocurre con la Convención Interamericana contra la corrupción. Se promueven medidas contra la misma, destacando el papel de la transparencia, y se determinan algunas de sus manifestaciones como el soborno o el enriquecimiento ilícito.

Cambiemos de enfoque, ¿dónde podemos encontrarnos corrupción? Dopaje, deporte; sobornos, funcionariado público; mordidas, administración pública; fraude fiscal, hacienda pública; ventajas ilícitas, empresas... Y tantas otras. Véase que en las parejas anteriores, el primer término puede darse en tantos otros ámbitos (los que vienen representados por el segundo término de las parejas).

Por inducción, ¿qué se desprende de lo anterior? los segundos términos son ámbitos en los que se dan relaciones sociales que, entre otros, se manifiestan por la contraposición de intereses: en el deporte, la competencia de los deportistas; en el trabajo de los funcionarios y administración pública, los intereses de los "administrados" tanto en términos individuales como colectivos; la hacienda pública, los intereses que se han de conciliar con recursos limitados de todos los miembros de una comunidad; empresas, los accionistas o competencia en el mercado. ¿Y qué tienen en común todas las primeras partes de la pareja? Que alteran como se gestionan normalmente los intereses contrapuestos en favor del interés de un particular o de un grupo. Aquí está la clave, la corrupción se presenta en múltiples maneras porque se caracteriza por un fin, favorecer un interés ilegítimo a costa de los legítimos, sea como sea. Así, cuando cae en un ámbito sustantivo, lo adjetiva: deporte corrupto, hacienda corrupta, empresa corrupta.

¿Y de qué nos sirve toda esta reflexión?  La corrupción no es un enemigo abstracto e inabarcable que se encuentra en el mundo de las ideas. Es una bacteria que afecta a los ámbitos en que se manifiesta alterando su normal funcionamiento, afectando negativamente a nuestros derechos. Esta enfermedad ha de lucharse en el contexto en el que se manifieste, con pequeños tratamientos. Grandes políticas contra la corrupción han de ir necesariamente acompañadas de instrumentos específicos para cada una de sus manifestaciones. El deporte da un ejemplo claro, las medidas que se aplican contra el dopaje químico o mecánico sirven para atacar a la corrupción en dicho ámbito, pero solo en dicho ámbito.

Si bien las grandes políticas pueden parecer lejanas, tener impacto en las medidas individualizadas no está lejos de nuestras posibilidades. Y las nuevas tecnologías incrementan cada día más nuestras capacidades. Como ciudadanos nos toca detectar los ámbitos concretos enfermos y participar activamente en su denuncia y tratamiento. Un ejemplo: en su ciudad ¿hay plataforma web de participación ciudadana? conózcala y utilícela.

En conclusión, apuntemos a los ámbitos corruptos y pongámosles adjetivo. Ante un enemigo tan elusivo, señalémoslo, y a aquellos que se favorecen de él. Pero para luchar, fijémonos en lo que hay entre ambos, los ámbitos corruptos. Veamos cómo se manifiesta en cada uno de ellos y propongamos medidas e instrumentos adaptados.  La lucha contra la corrupción se gana en pequeñas batallas.  

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