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Indignidad globalizada: trata internacional de personas

Fanny Rubio. Patrona de FIBGAR y escritora. 

Madrid, 30 de julio de 2016. Naciones Unidas se ocupa de informar periódicamente acerca de las condiciones en las que en todo el mundo se sigue sometiendo a una parte de la humanidad vulnerada, 21 millones de personas en el mundo, incluyendo los menores en desamparo, al tráfico más indigno en los ámbito laboral, la explotación sexual, el secuestro, la utilización de menores como soldados en los conflictos armados de sus países, la mendicidad, la comisión de delitos o el matrimonio forzado.

 

El viejo mercado de esclavos tiene en la trata contemporánea de seres humanos, incluyendo las situaciones de evacuación violenta creadas por las guerras, su forma más inhumana. Hoy en todo el mundo se tiene noticia del fenómeno, y en los mejores casos, con las tramas criminales que tienen en la trata un negocio bien lucrativo, se sigue un protocolo legal específico para luchar contra esta lacra con los medios de que cada administración dispone. Pero el nivel de implicación de los países depende del equilibrio entre la forma de afrontar el problema en las condiciones objetivas (la capacidad  de los Estados afectados por la “oferta” o la “demanda” de este deleznable mercado, es decir, todos) y la voluntad real de éstos de abordar esta angustiosa situación vista desde el ángulo de las victimas con todos los medios disuasorios de que se dispone.

 

Por las estadísticas que Naciones Unidas pone en nuestras manos confirmamos que una mayoría relativa de las víctimas son mujeres. Pero esta mayoría tiende a aumentar ante la progresiva presencia en el mercado de la trata de niñas (un veinte por ciento) frente al número de niños y de hombres víctimas. La trata con fines de mercado de órganos o de robo de menores no ha sido especialmente significativo (aunque el crimen ha sido detectado 16 países), hasta el último año, cuando nos ha llegado la alarmante noticia de la llegada a los países receptores de pateras, como Italia, de miles de menores procedentes de países en guerra en poco tiempo desaparecidos tras ser inscritos solos en los campos de refugiados.

  

Las corrientes de trata de las que informa Naciones Unidas tienen el punto de partida generalmente en el país de procedencia de las víctimas y, si bien una tercera parte permanece en las regiones de origen, la tendencia es a llevarlas hacia zonas más ricas, sin apartarse excesivamente de sus lugares de procedencia. Salvo en Oriente Medio, en que es frecuente la trata desde zonas muy alejadas, como la que procede de África Subsahariana.

 

Víctimas de Asia oriental se encuentran repartidas por todo el mundo. Se insiste en los informes de naciones Unidas que el origen más común de las víctimas de trata transfronteriza en Europa occidental y Europa central fueron los Balcanes, África occidental (el 14% del total de víctimas), Asia oriental (el 7%), América (el 7%), Europa central (el 7%) y Europa oriental y Asia central (el 5%). Unas dos terceras partes de las víctimas detectadas en África y el Oriente Medio eran menores de edad. Casi la mitad de las víctimas fueron explotadas en trabajos forzosos, y el 36% fueron sometidas a explotación sexual.

 

Mientras el llamado primer mundo se siga conformando con lamentar esta situación, instando en general a poner en práctica un protocolo de hechos consumados y, en último extremo, a perseguir, siempre en porcentajes irrisorios, y castigar a las tramas criminales que se lucran del tráfico de seres humanos vulnerables, y no propicien en esta situación de emergencia foros locales y digitales para la educación y concienciación, con garantías políticas internacionales de sobrevivencia y dignificación de estos 21 millones de víctimas, podemos cada treinta de julio recordar cada uno en su cubículo esta indignidad globalizada sin que cambien desafortunadamente las estadísticas.


Fanny Rubio es escritora y  catedrática de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. Entre otras distinciones le ha sido concedida la Encomienda de Isabel la Católica por contribuir, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la Comunidad Internacional.

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