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FIBGAR llevó a Naciones Unidas el debate sobre Jurisdicción Universal

Manuel Miguel Vergara Céspedes. Director del Departamento Legal. FIBGAR

Nueva York, 16 de septiembre de 2016. Entrar en aquella sala de Naciones Unidas, abarrotada de personas de diversos países, expertos, diplomáticos... tenía un sabor que recordaba al escenario del Teatro Cervantes de Buenos Aires donde hace un año y escasos días se presentaban los nuevos Principios de Jurisdicción Universal de Madrid-Buenos Aires. El día 15 de septiembre de 2016, los Principios llegaban a la ONU de la mano de FIBGAR y su presidente Baltasar Garzón, el juez que ordenó la detención de Augusto Pinochet. Junto a él, Benjamin Ferencz, último fiscal de Núremberg; Demba Kandji, el juez senegalés que ordenó la detención del dictador de Chad, Hissène Habrè; la fiscal antiterrorista española Dolores Delgado, que acusó a los represores argentinos Scilingo y Cavallo y, como anfitriones, el embajador de Costa Rica y la presidenta de la Sexta Comisión de la ONU sobre Jurisdicción Universal.

La Jurisdicción Universal es un instrumento para la lucha contra la impunidad que permite a cualquier juez del mundo investigar y, en su caso, enjuiciar graves crímenes internacionales cometidos fuera de su territorio y sin ninguna conexión entre el delito y el juzgado que lo persigue. Sólo un vínculo es necesario: que el delito sea tan horrendo que avergüence y ataque a la humanidad en su conjunto. Hablamos del genocidio, los crímenes de guerra, los delitos de lesa humanidad, las torturas, las desapariciones forzadas, etc., pero también de la criminalidad organizada transnacional, la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo, la trata de seres humanos.

Es una herramienta necesaria y también controvertida para los Estados y sus relaciones internacionales. Muchas veces, la justicia protectora y reparadora de las víctimas y la lucha contra la impunidad que comporta, resultan incomodas para algunos. Quizás fue ésta la razón que motivó la petición de Tanzania y de la Unión Africana hace siete años de incluir el tema de la Jurisdicción Universal en la agenda de Naciones Unidas, lo que desembocó en la creación de un grupo de trabajo en la Sexta Comisión (encargada de asuntos jurídicos) de la Asamblea General. Desde entonces, este grupo de trabajo se enreda en debates interminables sobre el concepto y extensión de la Jurisdicción Universal, las inmunidades y otros elementos protectores de los eventuales perpetradores, pero hablan poco de las victimas que sufren los crímenes de aquellos. Gracias a este encuentro que celebramos se oyó la voz de los operadores del derecho y a través de ellos, de las víctimas; se habló de casos concretos; de la cooperación entre jueces y fiscales; de las ventajas reales de la JU, de la protección y de la seguridad que los diferentes sistemas de derecho pueden ofrecer cuando se aúnan las sinergias y se eliminan o superan las diferencias.

Al acto acudieron 120 personas además de los centenares que lo siguieron vía Internet. Durante tres horas tuvimos ocasión de ir desgranando, comprendiendo y percibiendo, la atentica realidad de la Jurisdicción Universal. Acudieron a mí miles de voces de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, de las victimas chilenas, guatemaltecas, camboyanas, sudafricanas, sirias, españolas, chadianas, colombianas.., las de todas aquellas que reclaman verdad, memoria, justicia, reparación y garantías de no repetición, y me sentí reconfortado poe estar contribuyendo a este gran proyecto. La realidad se impuso sobre la teoría en el “templo” de las Naciones Unidas.

 Para continuar esa búsqueda necesaria del camino que nos lleve a una armonización real de los principios de la Jurisdicción Universal, la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR) quiso involucrarse junto con la Misión Permanente de Costa Rica en la organización del evento La jurisdicción universal: de Núremberg a nuestros días.

Disipar miedos y mitos

El objetivo era, hacer pedagogía, mostrar la realidad, sin aditamentos, con las dificultades, sin complejos, hacer lo posible para dinamizar el debate y disipar dudas, miedos y mitos sobre la Jurisdicción Universal. Y se consiguió.

Los ponentes, tanto Ferencz y Delgado por videoconferencia, como Garzón y Kandji, dieron toda una lección práctica de la aplicación de la JU y sus ventajas e inconvenientes. Los dos jueces explicaron con sencillez y fuerza el origen, consolidación y aplicación del principio de Jurisdicción Universal junto con los demás principios como el de complementariedad con la Corte Penal Internacional: no rehuyeron ninguna de las preguntas, antes al contrario, explicaron, interpretaron, debatieron, profundizaron y recordaron algunas experiencias que llegaron a emocionar al auditorio. El fiscal Benjamin Ferencz, con sus jóvenes 96 años, nos ilustró y nos acercó una vez más a Núremberg y la trascendental importancia de aquellos juicios para la humanidad. Dolores Delgado, con enérgica voz, nos condujo a través del complejo camino de la cooperación y el combate desde el derecho y la JU, del Estado Islámico y Boko Haram.

No pude evitar recordar cuando estuve en el juicio contra Hissène Habrè en Dakkar, Senegal, escuchando como el presidente del Tribunal comunicaba la sentencia a cadena perpetua por crímenes de guerra y contra la humanidad del ex dictador del Chad, Hissène Habré, a quien se conoció como “el Pinochet africano”.  En contraposición al juez Kandji le denominan “el Garzón africano”.

Costa Rica preside, a través de la diplomática Gina Guillén, el Grupo de Trabajo de Jurisdicción Universal de la ONU. Su postura se encuentra entre las más progresistas y aperturistas con respecto a este tema. Gracias a su trabajo y patrocinio así como el del Auschwitz Institute, FIBGAR pudo dar un paso más en la promoción y desarrollo de la Jurisdicción Universal.

El evento comenzó con el mensaje y la bienvenida del Embajador de Costa Rica, Juan Carlos Mendoza quien recordó que la Jurisdicción Universal es coherente con el fin de la Naciones Unidas cuando en su carta constitutiva afirma el compromiso de los pueblos del mundo con la justicia. A continuación, Owen Pell director del Auschwitz Institute tomó la palabra para explicar por qué su organización apoyaba el encuentro. El nombre de esta entidad evoca irremediablemente a la Segunda Guerra Mundial y al genocidio. Su presencia no sólo era simbólica. También lanzaron un mensaje: “¿Cómo es posible que la aplicación extraterritorial de la ley, tan aceptada en el plano civil y para otros delitos de delincuencia organizada, despertara reticencias cuando se trata de graves crímenes internacionales como los de la Jurisdicción Universal?”

Los mayores expertos

Gina Guillen, moderadora del panel dio paso a la videoconferencia de Benjamin Ferencz, el último fiscal vivo de los Juicios de Núremberg. Este jurista de reconocimiento internacional ha dedicado su vida al Derecho penal internacional y a la tipificación del crimen de agresión. Al no poder viajar a Nueva York, quiso estar presente en el evento a través de una ponencia grabada para la ocasión. Su análisis de la génesis y desarrollo de la justicia penal internacional desde Núremberg así como su carácter profundamente inspirador por todo lo que representa, asentó las bases de una conferencia prometedora.

Llegó el momento de escuchar a Baltasar Garzón. En su intervención fue desgranando y derribando poco a poco un buen número de mitos y mentiras que se han creado en torno a la Jurisdicción Universal. ¿Es acaso un instrumento neocolonial? ¿Sirve realmente para algo? ¿Obedece simplemente a la inventiva de algunos jueces? Son preguntas formuladas constantemente. Baltasar Garzón no quiso ser tajante al negar que pueda haber casos en que la Jurisdicción Universal se haya utilizado torpemente con motivaciones neocoloniales, pero recordó que ese es un discurso superado y que procesos como los seguidos contra autoridades chinas por el genocidio tibetano, o por torturas en Guantánamo contra funcionarios norteamericanos, o el abierto en Argentina contra los responsables españoles de torturas durante el franquismo, rechaza esa apriorística interpretación.

Contestó además a aquéllos que etiquetan a la Jurisdicción Universal como mecanismo inútil por conseguir condenas en escasas ocasiones. En respuesta invitó a los asistentes a preguntar a cualquier víctima involucrada en algún proceso de Jurisdicción Universal y plantearles si mereció la pena. Para Baltasar Garzón, la respuesta es obvia: “siempre contestarán que sí”. Esto va en línea de lo que denominó “justicia anamnética” como nuevo objetivo a conseguir: el acercamiento a la justicia a través de la memoria, la verdad y los planteamientos de las víctimas a las que tras serles negada todo acceso a la justicia durante años recuperan su fe al ser atendidas por órganos jurisdiccionales en aras de descubrir aquello que se les ha negado y que no les permite continuar su vida con plenitud.

Insistió además en que la Jurisdicción Universal no es una mera creación de jueces nacionales, sino el resultado de siglos de desarrollo doctrinal y jurídico en el plano internacional desde la admisión de la piratería como delito de persecución universal hasta nuestros días. En el marco de esta continua evolución, Baltasar Garzón no se rinde ni se detiene y propuso considerar la inclusión de los delitos económicos y medioambientales como sujetos de persecución universal como ya vienen recogidos en los Principios de Madrid-Buenos Aires. Ese es el nuevo y definitivo desafío.

Para finalizar, criticó la extendida costumbre de promulgar “leyes de biblioteca” con la intención de que jamás sean aplicadas. “La obligación de un juez es aplicar el derecho vigente y al que tiene acceso”, así se expresó en la misma línea el juez Demba Kandji. El juez Kandji habló del caso Hissène Habré dando detalles prácticos sobre el proceso para concluir con una serie de lecciones aprendidas: gracias a la acción de Bélgica en aplicación de la Jurisdicción Universal, Senegal debió, pudo y finalmente juzgó al ex dictador chadiano. Hizo hincapié en la necesidad que tiene África de formar y capacitar a sus jueces y fiscales para poder aportar su grano de arena en la lucha contra la impunidad. Por último, expresó su convencimiento de que casos como éste demuestran un compromiso del continente por perseguir la impunidad de crímenes internacionales y que el mismo servirá para suavizar las tensiones entre África y la Corte Penal Internacional.

Herramienta de cooperación y seguridad internacional

El evento aún estaba lejos de acabar. Faltaba una de las ponencias que lanzaba una idea realmente innovadora. Era el momento de ver y escuchar la presentación grabada en vídeo de la fiscal de la Audiencia Nacional Dolores Delgado. Los asistentes prestaron especial atención a su mensaje. La fiscal proponía una nueva aproximación a la Jurisdicción Universal, ya no sólo como instrumento en la lucha contra la impunidad sino como herramienta de cooperación y seguridad internacional. Compartía así su experiencia en la investigación de delitos de terrorismo y tráfico de drogas y señalaba que la jurisdicción concurrente de una multiplicidad de Estados era la clave para un futuro en que el acervo probatorio y las medidas cautelares recolectados por distintos países garantizaría la justicia y la verdadera reparación de las víctimas. Esta idea quedaba ilustrada gracias al caso Boko Haram que ella misma investiga en España desde que FIBGAR presentó la correspondiente denuncia en el año 2014.

La moderadora, tras agradecer todas las ponencias, abrió el debate en que se sucedieron preguntas y opiniones de diferente índole. ¿Qué hay de la responsabilidad de los Estados en casos de Jurisdicción Universal? ¿Qué movimientos se están llevando a cabo para los crímenes cometidos en Siria? ¿Es la Jurisdicción Universal un principio controvertido y peligroso que supone la injerencia en los asuntos internos de otros Estados? ¿Qué límites tiene y hasta qué punto cabe retroceder en el tiempo para luchar contra la impunidad? El diálogo entre los asistentes fue fructífero e interesante.

Las reflexiones de los ponentes fueron conduciéndose paulatinamente hasta el final de la conferencia. Fue entonces cuando tuve la oportunidad de intervenir como director del Departamento Legal de FIBGAR para condensar algunas valiosas nociones que habían salido a la luz en las ponencias anteriores y que no debían diluirse entre la gran cantidad de abrumadora información que ponentes de tanta categoría quisieron llevar a Naciones Unidas. Recogí así los tres grandes mitos que habían sido abordados esa tarde nombrando la jurisprudencia que en efecto sostiene que la jurisdicción universal es un instrumento útil creado por los Estados desde hace años y con un gran futuro. Un futuro que lejos de disiparse por los recortes legislativos en Bélgica o España, encuentra su porvenir en África, con Senegal y Sudáfrica, y Latinoamérica, con Argentina y Chile.

Con mi intervención quise compartir un último mensaje: la Fundación Internacional Baltasar Garzón cuenta con las delegaciones representadas ante la ONU para la promoción y desarrollo de la Jurisdicción Universal a través, por ejemplo, de los Principios de Madrid Buenos Aires, pero también ellas pueden contar con FIBGAR en todo lo que suponga dar pasos hacia la justicia, la protección de las víctimas y al defensa de los derechos humanos.

El Embajador de Costa Rica cerró entre agradecimientos y aplausos un trascendental evento en que Benjamin Ferencz, Dolores Delgado, Demba Kandji y Baltasar Garzón quisieron acercar una visión práctica que promueva el debate en Naciones Unidas sobre la Jurisdicción Universal. 

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