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BLOG > El reguero de víctimas de las armas pequeñas

Hace poco vio a la luz el último libro de José Saramago, “Alabardas. El premio Nobel no abandona su activismo por la Paz ni en una obra póstuma, ya que a través de la figura del protagonista, Artur Paz Semedo, hace un alegato de la no violencia. A través de la fascinación que siente este por el armamento nos introduce en el lado más oscuro del Comercio de Armas. Un mercado que está detrás de la abrumadora mayoría de las muertes y tragedias que rodean al ser humano: aproximadamente el 60% de todas las muertes violentas se cometen con armas de fuego. Una vía literaria muy acorde con la propuesta de Naciones Unidas de conmemorar una Semana del Desarme, que empieza mañana día 24 de octubre.

A nivel internacional, la ONU distingue entre “armas pequeñas”(revólveres y pistolas automáticas, etc.), que son armas diseñadas para su uso personal, y las “armas ligeras” (ametralladoras pesadas, lanzagranadas portátiles, etc.), que están diseñados para su uso por varias personas que actúan como una unidad, es decir, están más enfocadas a un uso militar en conflictos armados. Contrariamente a lo que pudiere pensarse, el tráfico de “armas pequeñas” es el más dañino para la humanidad ya que esas son las armas más fáciles de traficar y las más utilizadas por los grupos pequeños. De estas armas se sirven sobre todo los grupos criminales, gangs, mafias y traficantes, y se utilizan en su mayoría fuera de conflictos armados.

El estudio Small Arms Survey 2012‘ calcula que entre 2001 y 2011 el comercio internacional de armas pequeñas supuso un valor de al menos 8,5 mil millones dólares. Esta estimación supone el doble que la que se recogió la anterior encuesta en el año 2009, que estimaba el valor en 4 mil millones. Por lo que podemos concluir que, a pesar de la disminución de conflictos bélicos, las cifras de armas pequeñas siguen aumentando.

No nos sorprende encontrar que entre los principales países exportadores están aquellos que disfrutan de un mayor desarrollo y estabilidad o crecimientoAustria, Bélgica, Brasil, Alemania, Italia, Suiza y Estados Unidos informan rutinariamente de exportaciones anuales de armas pequeñas y armas ligeras con valor de 100 millones de dólares o más. Se calcula que China y la Federación de Rusia también logran rutinariamente este nivel de actividad a pesar de la presentación de informes especialmente incompletos por parte de Beijing y Moscú. Otros 10 gobiernos que se han exportado 100 millones de dólares o más en armas pequeñas al menos una vez entre 2001 y 2011 encontramos a Canadá, República Checa, Francia, Israel, Japón, Noruega, Corea del Sur, España, Suecia, Turquía, y el Reino Unido.

En fin, no sorprenderá a nadie:Estados Unidos es, con diferencia, el mayor importador documentado de armas pequeñas. Durante el período de diez años que se examina, las importaciones estadounidenses oscilaron entre 650 millones de dólares (en 2001) a más de 1350 millones de dólares (en 2011). El siguiente mayor importador registrado es Alemania, con un promedio de 140 millones de dólares. De entre los valores registrados más altos para un solo año durante este período de diez años, dejando aparte Estados Unidos, fueron 276 millones de dólares por parte de Chipre en el año 2002, 261 millones por parte de Arabia Saudita (en 2001) y 231 millones por Canadá en 2011.

Se estima que hay 875 millones de armas pequeñas en circulación en todo el mundo, que son producidas por más de 1.000 empresas de casi 100 países. Todos los países y numerosos “grupos no estatales” armados producen armas pequeñas.

Las consecuencias, en los países más desfavorecidos

Las consecuencias de tales dimensiones son alarmantes. La “Declaración de Ginebra sobre Violencia Armada y Desarrollo” en su último informe del 2011 destaca que mueren más personas a causa de violencia armada fuera de conflicto armado que en un contexto de conflicto armado. La violencia armada no relacionada con el conflicto incluye diferentes dimensiones, como los homicidios, suicidios, limpiezas sociales, asesinatos extrajudiciales y otras formas de muerte o lesión por armas de fuego como la violencia en las ciudades, la violencia de género o las desapariciones y secuestros.  Es cierto que en un contexto de guerra o conflicto armado el tráfico de armas ligeras cobra relevancia con respecto a su rol en contexto de paz, pero no con respecto a las armas pequeñas.

Así, estima que al menos 526.000 personas mueren violentamente cada año, y que más de las tres cuartas partes de ellos lo hacen en zonas fuera de conflictos armados. Una cuarta parte de todas las muertes violentas ocurren en sólo 14 países, siete de los cuales están en América. Países como El Salvador, Jamaica y Sudáfrica sufren niveles extremadamente altos registrados de homicidios, con más muertes cada año que en muchas guerras contemporáneas. Y con respecto al feminicidio: alrededor de 66.000 mujeres y niñas son víctimas de muertes violentas en todo el mundo cada año. Pero es que las muertes violentas por arma de fuego son sólo la punta del iceberg. Las lesiones no mortales causan innumerables costes significativos a largo plazo en los que no puedo adentrarme.

Tras la II Guerra Mundial y el fin de la Guerra Fría se pensó que el mundo entraría, finalmente, en una era de paz, pero es obvio que los datos son una muestra de lo opuesto. Puede que los conflictos armados hayan disminuido, pero vivimos en una época llena de guerras localizadas, con la expansión del terrorismo y una dramática violencia urbana asolando numerosas grandes ciudades. Un drama social que contrasta con una era supuestamente avanzado en tecnología. Si es cierto que la defensa de los Derechos Humanos, la Justicia Social, la protección de las víctimas y la construcción de democracias siguen siendo los objetivos prioritarios de las naciones que hoy se sitúan en un supuesto primer plano, el desafío más urgente debe ser acabar con el comercio de armas.

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